Álvaro Palacios

Nacíò en 1964 en la casa de la bodega familiar de Alfaro, desde entonces lo han acompañado los aromas del campo, la bodega misteriosa y el vino tradicional. Su padre le diò la oportunidad de disfrutar de una preparación internacional, en la Universidad de Burdeos- Francia.

Trabajando en los viñedos de la margen derecha del  rio Garona, desarrolló la sensibilidad para apreciar el vino más allá de lo tangible.

Aprendió a leer en él,  la historia, el suelo y la luz del campo, y así  entendió que todos los grandes viñedos del Viejo Mundo tienen sus raíces en el sedimento cultural romano y más tarde ganan entidad con el impulso de las órdenes monásticas de la Edad Media.

Con estas bases y el trabajo secular de los hombres se encumbraron grandes vinos, sublimes en su sencilla belleza y en su gran sentido.

Por entonces comprendí también que España se había enfrentado a diversas vicisitudes históricas que derivaron en un alejamiento respecto a los mercados más sofisticados de Europa. En contraste, los franceses mantuvieron la tradición de sus grandes zonas vinícolas, marcadas, en lo natural, por las virtudes geoclimáticas. Ahí se forjó la complejidad de la Borgoña, de Pomerol y Sant Emilion y de la Champaña. Cada región con su multitud de pequeñas viñas, donde se pudo seleccionar, separar, clasificar y embotellar los vinos como un producto muy exclusivo y de por vida.

Poco a poco creció su añoranza por su tierra,  fue ganando cuerpo la constatación de que allí también poseían los mismos ingredientes, incluso con mayor intensidad: una larga cultura vitícola, la influencia monástica, la tradición secular y una luminosa naturaleza.

En estas coordenadas sitúo el gran objetivo de su vida: buscar viñedos en lugares con origen religioso y con viejas viñas. Una o varias parcelas con algo especial que pueda transformarse en un vino de identidad sobrecogedora, de hondos misterios y encantos casi mágicos. En definitiva, la categoría de un gran vino clásico.

Aunque en España casi llegaron a arrasar ese patrimonio ancestral, todavía poseen los ingredientes de una trascendencia única. Dejemos la lícita viticultura intensiva moderna para los suelos áridos y sabrosos, bajo un sol que concede a la uva, la energía para dar consistencia a un buen vino medio. Para hacer grandes vinos, restauramos el viñedo a partir de parámetros antiguos y tradicionales. Los mismos parámetros que explican por qué, desde hace más de tres o cuatro décadas, España ha conseguido un interés apasionado por sus vinos.